Queen Bitches. Lou y David, Bowie y Reed

David Bowie ha muerto. Primera noticia nada más despertarme, vía twitter, como debe de ser en estos días de veloz información. Y antes de empezar, su último video de su último disco, que salió hace apenas unos días. Un testamento consciente. Y sólo dos acordes.


“Mira aquí arriba, estoy en el Cielo

Tengo cicatrices que no pueden ser vistas

Tengo drama, no puedo ser hurtado

Todos me conocen ahora

Mira aquí arriba, hombre, estoy en peligro

No tengo nada más que perder

Estoy tan alto, esto hace mi cerebro girar

Dejé caer mi celular abajo

¿No es él igual que yo?

Para cuando llegué a Nueva York

Estaba viviendo como un rey

Luego empleé todo mi dinero

Estaba en busca de tu ceniza

Esta vía o no hay vía

Ya sabes, seré libre

Igual que ese pájaro azul

Ahora, ¿no es él igual que yo?

Oh, seré libre

Igual que ese pájaro azul

Oh, seré libre

¿No es él igual que yo?”

David-Bowie.jpg

Mi admiración por el Sr. Bowie viene de muy lejos, aunque he de reconocer que mi pasión se limita un tanto a cinco discos: Space Oddity, Ziggy Stardust, Heroes, Fame y por supuesto, y sobre todos ellos, Hunky Dory que me parece su mejor disco, el más completo de todos ellos y con cada canción mejor que la anterior. Por supuesto, todo es debatible…

Y sorprendido todavía por la noticia (desconocía que llevaba 18 meses peleando contra esa plaga insufrible y omnipresente que es el puto cáncer), he desempolvado mi edición vinilo del Hunky Dory, y aquí estoy, disfrutándolo plenamente mientras escribo estas lineas. Aprovecho para decir, ahora que suena, que Life on Mars es una jodida obra maestra de la música, así en general.

La conexión de Bowie con nuestro aqui venerado Lou Reed, es fuerte y duradera, llena de altibajos y peleas, pero llena de amor, respeto y admiración por las dos partes.

No voy a repetirme mucho con lo que significó para Lou Reed que, su rendido admirador, David Bowie le produjese su Lp Transformer en 1972. Lou había dado un paso en falso en su vuelta a la música, trás cinco años y cuatro discos de estudio con The Velvet Underground, bajo la amenza de tener que volver a trabajar con su padre debido al fracaso comercial del grupo.

Su albúm de debut no estaba bien producido, ni los músicos que lo acompañaron fueron los adecuados.

Bowie ya era fan de Lou y los Velvet. Entendió y se identificó sobre todo con las letras duras e irónicas de Reed. Versioneaba ya por entonces, I´m waiting for the man, Sweet Jane o White light White heat entre otras.

Así que, en su primer encuentro con Lou, estando ya Bowie en lo alto gracias a discazos como Space Odditty (1969), The man who sold the world (1970), Hunky Dory (1971) y The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from mars (Abril 1972), se ofreció para producir un disco a Lou que estuviese a la altura de su autor.

Así nació Transfomer (Noviembre 1972), un disco de Lou Reed, un disco de David Bowie. Un jodido discazo con absolutas joyas como son Walk on the wild side, Perfect day o Satellite of love.

A partir de ahí, amistad eterna hasta que Bowie fijó nuevos intereses y Lou se centraba en lo suyo, se centraba en Berlín. Con el transcurrir de los años, llegaron a las manos en la noche New Yorkina – tener los cojones de insinuar a Lou que su carrera estaba acabada sin llevarse una ostia era mucho esperar- y pasaron mucho tiempo sin ni mirarse si quiera. Nadie dijo que Lou fuese un tipo facíl.

Y dejando la historía un poquito al margen, (no soy muy amigo de la wikipedia, pero para información completa sobre Bowie, esta entrada me parece ejemplar: https://es.wikipedia.org/wiki/David_Bowie)- en este punto de la relación, asistí a  mi primer y único concierto de David Bowie, que por cierto, estuvo muy, muy bien. Pero lo que más recuerdo es el bis. Antes de arremeter con White light/White Heat, Bowie nos apremió a todos los asistentes a ver al día siguiente, en ese mismo escenario a Lou Reed. “Es muy bueno” -nos advirtió-

Yo había asistido a ese mi primer festival rock, el doctor music, por ver a Lou por supuesto, pero el cartél de ese año -el primero- era absolutamente irresistible: Lou, Bowie e Iggy…

Queen Bitch

Así las cosas, coincidieron en el tiempo dos proyectos de cada uno. El documental Rock and Roll Heart sobre Lou y el cincuenta cumpleaños de Bowie, que celebró con un concierto lleno de colaboradores en el Madison Square Garden.

Los comunes intereses volvieron a unirles. Interesaba a uno que el otro apareciese en su documental y el otro que el uno tocase en su concierto de cumpleaños. Bueno vale. Es una suposición mía, pero nada descabellada.

Así, aunque un tanto friamente por parte de Bowie, dos de los exponentes más representativos del Glam Rock, tocaron Queen Bitch de Bowie, White light, I´m waiting for the man y Dirty Bulevard de Lou.

A partir de este punto en 1997, Bowie y Reed retomaron amistad, tampoco una gran amistad, pero colaboraron en diferentes proyectos. Un documental sobre Transformer, Bowie cantando Hop Frog en el disco The Raven (2003) de Lou…

Cuando Lou Reed murió en 2013, Bowie se mostró muy afectado y siguió defendiendo y pregonando a los cuatro vientos y a las seis cuerdas, que Lou era un adelantado a su tiempo, que era el más grande. Y que sí, joder, que Lulú era una puta obra maestra.

Así que, esa duda que me ha surgido esta mañana, sobre que hubiese sido de Lou sin David y de Bowie sin Reed, creo que ya la tengo más clara. Ninguno de los dos hubiese sido quién fue, de no ser por el otro.

Termina Hunky Dory. La aguja vuelve a su sitio y el motor del tocata se detiene.

Si. Sigue siendo mi disco favorito de David Bowie, un innovador, un “camaleón”, una voz como pocas de una sensibilidad deliciosa. Un provocador, un poeta y un músico, un guitarra y un piano. Actor y productor. Un hombre y una mujer, un excelente compositor y letrista. Y un tipo simpático.

Otro mito que se va. Pero no del todo. No es que sólo nos quedan sus discos, conciertos grabados, películas, libros etc, etc…

El autor sigue vivo mientras alguien siga tocando sus canciones y recitando sus palabras.

Adíos a otro de mis héroes. Adiós David Bowie. Y muchas gracias.

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