Lou Dixit

LOU DIXIT.

Lou Reed escribió un artículo en 1971 a petición de una publicación musical.

Texto altamente perspicaz que desvela ahora las razones de la supervivencia de Lou:

Sabía lo que le esperaba como Rock Star.

EL OCASO DE LOS CABALLEROS Y LAS DONCELLAS (1 y 2)
Por Lou Reed

A la edad en que la identidad constituye un problema, algunas personas se unen en bandas de rock and roll y actúan para otras personas que comparten esas mismas dificultades. La diferencia de edad entre intérprete y espectador en el rock no suele ser grande. Por desgracia, los de la cuarta fila están convencidos de que aquellos que ocupan el escenario saben más cosas que ellos. Lo cual no es cierto. Sencillamente se requiere un ego muy firme para permitir que a uno se le quiera por lo que hace más que por lo que uno es, y aun mayor para caer para caer en la cuenta de que uno es lo que hace. El cantante tiene su alma pero no se siente amado fuera del escenario. O, peor todavía, siente que sólo brilla sobre el escenario y fuera de él se siente marchito, la más común de las flores del jardín. Sin embargo somos todos tan comunes como copos de nieve, ¿no es cierto?

Brian Epstein construyó un imperio, pero vivió suficiente para tener mucho tiempo a su disposición. Aquellos que detestan el régimen laboral de nueve a cinco no conocen las ventajas de que gozan. Domina la mente y la protege de sí misma. Suaviza el ego. Esto es lo que hago. Tengo una familia y me ocupo de ella. Cuando uno dispone de tiempo libre intenta disfrutarlo, aunque sólo sea por su escasez. Somos una especie que necesita trabajar. Brian Jones murió por falta de trabajo, y Janis Joplin y Jimi Hendrix por exceso del trabajo equivocado.

Recuerdo bien los primeros días de los Beatles. No fue mucho tiempo después de que la fuerza policial de la ciudad que albergaba la gran universidad del Este en la que yo estaba me solicitase que abandonara la población mucho antes de graduarme debido a diversas operaciones clandestinas en que se me suponía implicado. En aquellos tiempos pocas personas llevaban el pelo largo, y aquellos que lo llevaban se identificaban los unos a los otros, cuanto menos, como buen tipo y fumador de marihuana. Por aquel entonces estaba yo reuniendo pruebas médicas a fin de evadirme de la mili cuando llegaron los peludos, con sus fotos en los escaparates y sus discos en sus gramolas allá donde los poetas locales fruncían el ceño y se leían folios unos a otros, donde los más maduros y sofisticados habitantes de la ciudad iban al acecho de inexpertos jóvenes y donde yo a menudo acudía a beber solo a la salud de la última frustración de la semana. Era el mundo de Kant y Kierkegaard y las polémicas metafísicas se alargaban hasta bien entrada la noche, y fue a este mundo al que vino la música de los Beatles, primero como novedad, después como estilo, las botas de tacón español, los cortes de pelo con flequillo, los acentos (tan deliciosos, murmuraban embelesadas las chicas a sus colegas norteamericanas calzadas con botas impermeables), un estilo que habría de proliferar y finalmente dominar los años sesenta.

Por este tiempo acababa de adentrarme en el mundo de las drogas de la mano de un negro de cara hundida cuyas facciones se dividían en dos secciones (como una casa de dos niveles) que se llamaba Jaw. Jaw (Mandíbula) me pasó la hepatitis de inmediato, lo cual es patético y risible a la vez, considerando que escribí una versión ampliada de esta experiencia en forma de canción. En todo caso, su mala sangre puso fin a mis malogradas excursiones y en consecuencia templó cualquier entusiasmo que pudiera tener por la música pop del momento. Los Beatles eran inocentes del mundo y sus maldades, pensaba yo, a la vez que dejé de poseer esta virginal visión. Después de todo había adquirido una ictericia.

Esta visión del mundo no obstante se desvaneció, y mientras mi mente y mi hígado me libraban del ejército, yo también bailé al son de los Beatles. ¿Se habría dado cuanta Brian Epstein de lo que habría desatado en el mundo? ¿Fue él quien había ató su cometa a la cola de los Beatles o fue viceversa? ¿Se trataba de un negocio seguro que cualquier idiota habría podido montar a pesar de su pobreza o era toda la empresa un plan de confabulación (Diez discos en los diez principales a la vez!)? Nunca lo sabremos, y si lo saben John o Paul, no parecen querer hablar de ello.

Si Brian Epstein no tuvo en realidad nada que ver con el éxito de los Beatles, resulta más fácil comprender su muerte. Lo vemos inútil, sintiéndose, quizás, el peón de las circunstancias, a las que él no habría contribuido con su verdadera aportación de carburante. Sintiendo que no tenía nada que dar. Después de todo lo que hizo, en su autobiografía, se describe como un ser apagado, que sólo tomó vida a través de ellos. ¿Acaso no había fracasado como actor? Lo recuerdo en el viejo programa de televisión Hullaballoo con un aspecto pálido, triste y fuera de lugar. ¡Tan callado! ¿Era éste el magnate genial, el sucesor del Coronel Parker, el nuevo Barnum?

Quizás era el genio que algunos dicen, que invertía su tiempo en intrincadas y espléndidas maquinaciones, tramando y siguiendo la pista de nuestros ídolos para que en su momento resplandecieran sobre todas y cada una de nuestras cabezas. Si fue un gran hombre de negocios, que expresaba su voluntad a través de cuatro músicos, que imbuía honestidad e integridad a un negocio otras veces turbio, ¿Cómo sufriría cuando los Beatles decidieron no hacer más giras? ¿Qué le quedaba después de dos películas y ninguna gira? Sin reuniones organizativas, estrategias, planes, ni proyectos. ¿Quedaba uno eternamente condenado a estudiar monstruosos manuscritos, rezando para encontrar las palabras sagradas, para resucitar de nuevo la emoción, la gloria y el poder?

¿O pasas el tiempo revoloteando de fiesta en fiesta, de continente en continente, experimentando con esto o aquello, saboreando los frutos de los esfuerzos realizados, pero sin esforzarse ya nunca más? ¿Acaso encuentras nuevos grupos como Gerry and the Peacemakers, The Cyrcle, Cilla Black? Sólo hay un grupo. Y éste no quiere actuar.

Lo más revelador de él es una historia que oí y que pudiera ser verdadera o no. En su mansión, Brian Epstein sólo tenía criados españoles, ninguno de los cuales sabía hablar inglés. Consideremos esto como un ejemplo de discreción para todos nosotros.

Después de los Beatles llegaron los Stones, y de los Stones nadie podría dejar de fijarse jamás en Brian Jones con su engreído carácter de Piscis, sus aires de enterado, sus enfermizos ojos de pez, su increíble ropa, esos magníficos pañuelos, el Brian siempre en la vanguardia de la moda, el Brian perfecto. ¿Cómo podía Brian tener asma, una enfermedad psicológica (se dice) y desde luego algo muy raro para un grupo de rock and roll? Leímos en entrevistas que Brian se consideraba el verdadero líder de los Rolling Stones, posición que ostentó hasta que su gira americana hiciera destacar a la figura de Mick en virtud de su impacto en los corazones de las mujeres norteamericanas.

¿Recordáis cómo en 1964 se calificaba a los Rolling Stones de homosexuales por su cabello largo? (¿También te lo decían a ti?). Brian con dos quinceañeras cogidas a cada brazo, debía reír a gusto. Y sin embargo, el centro de atención se iba desplazando. En un grupo la atención puede estar equitativamente distribuida (todos conocíamos a John, Paul, George y Ringo), pero en los Stones ésta se centraba en Mick. Normalmente en un grupo un instrumentista nunca puede hacer sombra a un cantante solista. (Excepción: los Yardbirds, en los que Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page precisamente ensombrecieron al pobre Keith Relf). En los Stones estaba Mick, el referente central. Charlie y Bill eran para los gourmets de la música. Eso nos deja con Keith y Brian. La guitarra solista siempre, siempre supera a la guitarra rítmica en popularidad, de modo que Brian quedaba fuera, que por tanto se encomendó a instrumentos cada vez más exóticos a fin de establecer su presencia ante si mismo y los demás. “Esto es lo que valgo. A ver como tocas tú este trasto.”

Sería una equivocación, creo, que alguien quisiera competir con Jagger en sus mismos términos. Jagger ha reescrito literalmente el manual de instrucciones sobre los aires duros y andrajosos y el papel de chico de la calle enfrentado a la sociedad, que representó a la perfección y sin concesiones. De haber pensado Brian en competir habría sido un error. Nadie puede superar al cantante solista.

Nuevas drogas, nuevos países, nuevos sonidos, de vuelta al blues, mi propia música (el ideal y el sueño de todo músico). Debo redefinirme porque el “yo” en que habría querido convertirme está ocupado por otro. Y sin embargo era identificado como uno de los Stones, que por el contrario se identificaba como el grupo de Mick, una banda de apoyo, un colaborador. Los expertos saben por supuesto que la banda es una banda de verdad, pero la gran masa contempla a Mick como líder y no a Brian abandonado de la gracia de Dios. ¿Y, como se encaja esto? “Pero si yo fui el padre del invento”, podría decir. “Eran mis discos los que escuchabais, yo os puse en la onda, ¿debo ser un maldito cantante para llegar a todo el mundo?” Sí. O bien el campeón mundial de la guitarra.

PARTE 2

Al llegar Jimi Hendrix lo más sorprendente, a parte de su verdaderamente increíble virtuosismo a la guitarra, fue su salvaje aunque divertida, violación de su instrumento. Este chillaba y gimoteaba pasando a un crescendo de saltos y alaridos que sólo la casualidad podía programar. (Ya ves, somos extensiones de Mr.Cage; todo es tan moderno y primitivo al mismo tiempo, tan simultáneo)

Cualquiera que haga eso noche tras noche ha de volverse loco. Fue el frenesí de uno mismo, ya que la frustración tan sólo puede ser representada durante cierto tiempo con medios violentos, nunca con la mímica. Si alguna parte de ella deviene impostura, entonces se emplean energías vitales para representar los peores aspectos del yo y tanto la mente como el cuerpo quedan pronto exhaustos. Los espectáculos de Jimi Hendrix se convirtieron en espectáculos eróticos el ídolo agitándose con movimientos eróticos tan.. Inseguro de sí mismo, en una actuación con dos compañeros que evidentemente no eran de su cuerda. La sensación de amargura predominó sobre la atención a la estrella.

¡Pero él era la estrella, no es cierto (guitarrista y vocalista principal)? De modo que el grupo se disuelve. Llega el amorfo ocaso y se da cuenta: no soy un artista del striptease, un falso Ann Corlo de la pelvi, soy un guitarrista. Ahora que, uf, he llegado ¿Por qué no me toman en serio? El cenit de lo guarro pretende hacer Macbeth en rock y cosas por el estilo todos los cómicos, ja,ja, pretenden ser actores dramáticos. Pero sí ¡Yo!¡Soy!¡Un!¡Artista!¡Puedo!¡Interpretar! Y podía (oponiéndose a las predicciones a lo Casandra del management) haber interpretado un vigoroso Rey Lear o un dulce y amoroso Hamlet, ya que Jimi tocaba música preciosa en cada minuto en que estaba despierto, música meridional y solar impregnaba todos sus pensamientos y acciones y tuvo que ser, insisto , tuvo que ser, que dijera debo interpretar verdadera música o me marchitaré y habré muerto cualquier borrascosa mañana.

Y así, como lo hará también Joplin, forma una nueva banda, para interpretar lo que pretende. Sin embargo, no hay dinero para eso, no tiene tanto éxito (¿Dónde están los fans?) y entonces la antigua banda se reúne esporádicamente para hacer bolos en Oregón y persiste la necesidad de actuar ante un público, sólo que esta vez se ve conscientemente obligado a violarse a sí mismo y a su alma (el cuerpo es el templo que alberga el alama activada por la energía del espíritu). Antes se estaba bien, cuando no comprendíamos lo que estábamos haciendo (la Sombra de los Hombres es testigo de todo lo que hacemos), cuando teníamos que llegar arriba…pero ir en contra de los principios (acabados de descubrir) ¡ahora!, ir en contra del espíritu ¡ahora!

Entonces uno vuelve corriendo al camerino a clarificar sus objetivos, sienta la cabeza, pone en orden sus ideas, hace una seria reflexión, y débilmente, muy débilmente, quizá perciba, o no, que su manager le estaba mintiendo.

¿Con quién puedes hablar cuando estás de gira? Sucios y greñudos drogatas por allá donde miras. El chico te pasa una bolsa de polvo verde (por el amor de Dios, como diría Molden, Samis, proteja al maestro) y se desvanece. No cojas eso, lleva tranquilizante de caballo dentro. Oh, me inyecté mientras sonaba tu canción. Me detuvieron mientras sonaba tu canción. Oh, por favor dame tu bendición y tócame y haz que todo desaparezca. Yo amé por ti.

¿Con quién habló Janes Jolín cuando iba de gira? Ella trajo excesos de sentimiento a la moribunda música blanca. En la carretera, cuando uno sólo conoce la noche, nunca los apacibles días de sol puro del sudoeste. Y todos nuestros compañeros están drogados y a la última y son tan sofisticados (hablamos a tan alto nivel que sólo nos oyen los perros) comentando la escena y quién hizo qué a quién y cuatro juegos de palabras sobre el porqué tan distantes….Ella está tan….retorcida. con quién vas a halar cuando eres famosa y estás sola y todos te idolatran y pretendes…colocarse contigo y mostrarte que ellos también son cool, que SABEN de qué va el rollo y mira vamos a emborracharla, es tan divertida cuando está borracha, te la comerías, te acuerdas cuando…

Recuerdo personas que tocan un bis y otro bis y después de verse presionados a representar un papel que pudieron haber deseado, consciente o inconscientemente emulan un modelo, gradualmente se convierten en la persona y, después solas, han de hacerse cargo de esta forma de vida porque AQUELLOS miserables así lo desean. ¿Y si tuvieran razón? Quizá yo debería morir, después de todo, todos ellos (los grandes cantantes de blues) murieron ¿no es cierto? Sin embargo la vida resulta más placentera ahora, no quiero morir. ¿A qué no?

Y si es verdad, tan verdadero que no se puede vivir a la altura de las expectativas de todos, y si es verdad que uno no puede ser otra cosa que uno mismo (más que con el paso del tiempo), entonces uno debe ser fuerte de corazón si desea enfrentarse al problema en público, en escena, trabajando ante “ellos” que en el fondo esperan y predicen en la prensa la caída de su ídolo. Y si fue verdad que era inevitable y, ah sí, ya se sabe, es triste, y ah, nada se pudo hacer por ella al fin y al cabo así es como comenzó, sólo que se dio cuenta demasiado tarde, las costumbres adquiridas durante años no se quitan en unos días, entonces si es verdad que las princesas son mancilladas, pues todos nosotros somos caballeros caídos.

el ocaso de las doncellas 1 el ocaso de las doncellas2

Algunos titulares que ha ido dando Lou en el tiempo.

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4 comentarios en “Lou Dixit

  1. EL OCASO DE LOS CABALLEROS Y LAS DONCELLAS (1)
    Por Lou Reed

    A la edad en que la identidad constituye un problema, algunas personas se unen en bandas de rock and roll y actúan para otras personas que comparten esas mismas dificultades. La diferencia de edad entre intérprete y espectador en el rock no suele ser grande. Por desgracia, los de la cuarta fila están convencidos de que aquellos que ocupan el escenario saben más cosas que ellos. Lo cual no es cierto. Sencillamente se requiere un ego muy firme para permitir que a uno se le quiera por lo que hace más que por lo que uno es, y aun mayor para caer para caer en la cuenta de que uno es lo que hace. El cantante tiene su alma pero no se siente amado fuera del escenario. O, peor todavía, siente que sólo brilla sobre el escenario y fuera de él se siente marchito, la más común de las flores del jardín. Sin embargo somos todos tan comunes como copos de nieve, ¿no es cierto?

    Brian Epstein construyó un imperio, pero vivió suficiente para tener mucho tiempo a su disposición. Aquellos que detestan el régimen laboral de nueve a cinco no conocen las ventajas de que gozan. Domina la mente y la protege de sí misma. Suaviza el ego. Esto es lo que hago. Tengo una familia y me ocupo de ella. Cuando uno dispone de tiempo libre intenta disfrutarlo, aunque sólo sea por su escasez. Somos una especie que necesita trabajar. Brian Jones murió por falta de trabajo, y Janis Joplin y Jimi Hendrix por exceso del trabajo equivocado.

    Recuerdo bien los primeros días de los Beatles. No fue mucho tiempo después de que la fuerza policial de la ciudad que albergaba la gran universidad del Este en la que yo estaba me solicitase que abandonara la población mucho antes de graduarme debido a diversas operaciones clandestinas en que se me suponía implicado. En aquellos tiempos pocas personas llevaban el pelo largo, y aquellos que lo llevaban se identificaban los unos a los otros, cuanto menos, como buen tipo y fumador de marihuana. Por aquel entonces estaba yo reuniendo pruebas médicas a fin de evadirme de la mili cuando llegaron los peludos, con sus fotos en los escaparates y sus discos en sus gramolas allá donde los poetas locales fruncían el ceño y se leían folios unos a otros, donde los más maduros y sofisticados habitantes de la ciudad iban al acecho de inexpertos jóvenes y donde yo a menudo acudía a beber solo a la salud de la última frustración de la semana. Era el mundo de Kant y Kierkegaard y las polémicas metafísicas se alargaban hasta bien entrada la noche, y fue a este mundo al que vino la música de los Beatles, primero como novedad, después como estilo, las botas de tacón español, los cortes de pelo con flequillo, los acentos (tan deliciosos, murmuraban embelesadas las chicas a sus colegas norteamericanas calzadas con botas impermeables), un estilo que habría de proliferar y finalmente dominar los años sesenta.

    Por este tiempo acababa de adentrarme en el mundo de las drogas de la mano de un negro de cara hundida cuyas facciones se dividían en dos secciones (como una casa de dos niveles) que se llamaba Jaw. Jaw (Mandíbula) me pasó la hepatitis de inmediato, lo cual es patético y risible a la vez, considerando que escribí una versión ampliada de esta experiencia en forma de canción. En todo caso, su mala sangre puso fin a mis malogradas excursiones y en consecuencia templó cualquier entusiasmo que pudiera tener por la música pop del momento. Los Beatles eran inocentes del mundo y sus maldades, pensaba yo, a la vez que dejé de poseer esta virginal visión. Después de todo había adquirido una ictericia.

    Esta visión del mundo no obstante se desvaneció, y mientras mi mente y mi hígado me libraban del ejército, yo también bailé al son de los Beatles. ¿Se habría dado cuanta Brian Epstein de lo que habría desatado en el mundo? ¿Fue él quien había ató su cometa a la cola de los Beatles o fue viceversa? ¿Se trataba de un negocio seguro que cualquier idiota habría podido montar a pesar de su pobreza o era toda la empresa un plan de confabulación (Diez discos en los diez principales a la vez!)? Nunca lo sabremos, y si lo saben John o Paul, no parecen querer hablar de ello.

    Si Brian Epstein no tuvo en realidad nada que ver con el éxito de los Beatles, resulta más fácil comprender su muerte. Lo vemos inútil, sintiéndose, quizás, el peón de las circunstancias, a las que él no habría contribuido con su verdadera aportación de carburante. Sintiendo que no tenía nada que dar. Después de todo lo que hizo, en su autobiografía, se describe como un ser apagado, que sólo tomó vida a través de ellos. ¿Acaso no había fracasado como actor? Lo recuerdo en el viejo programa de televisión Hullaballoo con un aspecto pálido, triste y fuera de lugar. ¡Tan callado! ¿Era éste el magnate genial, el sucesor del Coronel Parker, el nuevo Barnum?

    Quizás era el genio que algunos dicen, que invertía su tiempo en intrincadas y espléndidas maquinaciones, tramando y siguiendo la pista de nuestros ídolos para que en su momento resplandecieran sobre todas y cada una de nuestras cabezas. Si fue un gran hombre de negocios, que expresaba su voluntad a través de cuatro músicos, que imbuía honestidad e integridad a un negocio otras veces turbio, ¿Cómo sufriría cuando los Beatles decidieron no hacer más giras? ¿Qué le quedaba después de dos películas y ninguna gira? Sin reuniones organizativas, estrategias, planes, ni proyectos. ¿Quedaba uno eternamente condenado a estudiar monstruosos manuscritos, rezando para encontrar las palabras sagradas, para resucitar de nuevo la emoción, la gloria y el poder?

    ¿O pasas el tiempo revoloteando de fiesta en fiesta, de continente en continente, experimentando con esto o aquello, saboreando los frutos de los esfuerzos realizados, pero sin esforzarse ya nunca más? ¿Acaso encuentras nuevos grupos como Gerry and the Peacemakers, The Cyrcle, Cilla Black? Sólo hay un grupo. Y éste no quiere actuar.

    Lo más revelador de él es una historia que oí y que pudiera ser verdadera o no. En su mansión, Brian Epstein sólo tenía criados españoles, ninguno de los cuales sabía hablar inglés. Consideremos esto como un ejemplo de discreción para todos nosotros.

    Después de los Beatles llegaron los Stones, y de los Stones nadie podría dejar de fijarse jamás en Brian Jones con su engreído carácter de Piscis, sus aires de enterado, sus enfermizos ojos de pez, su increíble ropa, esos magníficos pañuelos, el Brian siempre en la vanguardia de la moda, el Brian perfecto. ¿Cómo podía Brian tener asma, una enfermedad psicológica (se dice) y desde luego algo muy raro para un grupo de rock and roll? Leímos en entrevistas que Brian se consideraba el verdadero líder de los Rolling Stones, posición que ostentó hasta que su gira americana hiciera destacar a la figura de Mick en virtud de su impacto en los corazones de las mujeres norteamericanas.

    ¿Recordáis cómo en 1964 se calificaba a los Rolling Stones de homosexuales por su cabello largo? (¿También te lo decían a ti?). Brian con dos quinceañeras cogidas a cada brazo, debía reír a gusto. Y sin embargo, el centro de atención se iba desplazando. En un grupo la atención puede estar equitativamente distribuida (todos conocíamos a John, Paul, George y Ringo), pero en los Stones ésta se centraba en Mick. Normalmente en un grupo un instrumentista nunca puede hacer sombra a un cantante solista. (Excepción: los Yardbirds, en los que Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page precisamente ensombrecieron al pobre Keith Relf). En los Stones estaba Mick, el referente central. Charlie y Bill eran para los gourmets de la música. Eso nos deja con Keith y Brian. La guitarra solista siempre, siempre supera a la guitarra rítmica en popularidad, de modo que Brian quedaba fuera, que por tanto se encomendó a instrumentos cada vez más exóticos a fin de establecer su presencia ante si mismo y los demás. “Esto es lo que valgo. A ver como tocas tú este trasto.”

    Sería una equivocación, creo, que alguien quisiera competir con Jagger en sus mismos términos. Jagger ha reescrito literalmente el manual de instrucciones sobre los aires duros y andrajosos y el papel de chico de la calle enfrentado a la sociedad, que representó a la perfección y sin concesiones. De haber pensado Brian en competir habría sido un error. Nadie puede superar al cantante solista.

    Nuevas drogas, nuevos países, nuevos sonidos, de vuelta al blues, mi propia música (el ideal y el sueño de todo músico). Debo redefinirme porque el “yo” en que habría querido convertirme está ocupado por otro. Y sin embargo era identificado como uno de los Stones, que por el contrario se identificaba como el grupo de Mick, una banda de apoyo, un colaborador. Los expertos saben por supuesto que la banda es una banda de verdad, pero la gran masa contempla a Mick como líder y no a Brian abandonado de la gracia de Dios. ¿Y, como se encaja esto? “Pero si yo fui el padre del invento”, podría decir. “Eran mis discos los que escuchabais, yo os puse en la onda, ¿debo ser un maldito cantante para llegar a todo el mundo?” Sí. O bien el campeón mundial de la guitarra.

  2. Las entrevistas de Lou siempre son muy entretenidas. Yo tengo muchas de los 70s, cuando era superimpertinente con los periodistas. Pero siempre eran interesantes y divertidas. Su personaje publico es tan apasionante como su obra artistica. Sus opiniones sobre todas las cosas siempre son un punto de reflexion inteligente.
    En los 70s Lou no estaba tan preocupado por lo social, ya decia el en una cancion Velvet que HAY PROBLEMAS EN ESTOS TIEMPOS, PERO NINGUNO DE ELLOS ES MIO (Begining to see the light). Este estribillo de Lou lo hice mio y la verdad que pasaba de casi todo.
    Siempre aflora su superego, pero es parte de su encanto, sin duda.
    Transcribo un parrafo en una entrevista del 75 en la que Lou reflexiona sobre la epoca en que se inicio como musico, los 60s, posiblemente el momento mas interesante de las ultimas 5 decadas
    – Por que era tan fabulosa antes la gente?
    – Pq realmente fue una epoca sin precedentes con cualquier otra, de una gran movilidad y apertura, con gente de distintos estratos sociales mezclados unos con otros, sin barreras de clase o economicas. Rupturas que antes no habian sucedido, de grandes cambios en el cine y en la musica. Todo aquello se acabo. Paso y todo sigue su curso, dispersado todo. Habia gente fabulosa y una de las razones que fuera asi es que estaban entre el mismo publico, donde todo el que quisiera podia alcanzarles. Eso ahora ya no es posible. Sigue habiendo gente fabulosa pero ya no puedes tener la oportunidad de conocerla.
    – Anyoras, pues, ese tiempo pasado?
    – Si y no. Ya no podre volver a vivirlo. Fue definitivo. Pero creo que la gente que no vivio aquello se ha perdido algo muy grande. Aunque confio que en el futuro vuelvan a suceder momentos semejantes de nuevo.
    Lou siempre optimista.
    Un abrazo, Motorcycle boy!

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