Little dog, Heart of a dog. Lou, Laurie y Lulubelle. Festival cine Donostia 2015

HEART OF A DOG. Laurie Anderson en el Festival Internacional de cine de San Sebastián 2015.

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Ha sido una jornada emocionante hoy en el Zinemaldi de Donosti. Sobre todo para cualquier seguidor serio de nuestro aquí venerado Lou Reed. O de Laurie, of curse.

Laurie Anderson, su mujer -inconscientemente, me niego a denominarla su viuda- presentaba hoy en España su documental o documento, Heart of a dog, una visión filosófica y profunda sobre la muerte, centrada en Lulubelle (no estoy seguro de escribirlo correctamente), el perrito de Lou y Laurie que murió unos meses antes que su rockanrolero dueño.

Heart of a dog es más que eso. Impregnada de fantasmas, de personas desaparecidas, de música de Laurie y con música de Lou. Anderson aprovecha para hablarnos de muchas más cosas, de la vigilancia a la que estamos sometidos los ciudadanos por sus gobiernos, cámaras, al New York post 11S, al amor por la ciudad y al amor por la naturaleza. Laurie no duda en detallar sus difíciles relaciones con su madre y la desolación por no poder despedirse de ella al morir.

Su accidente de infancia que la postró en una cama de hospital junto a niños que morían durante la noche. La reación natural ante la muerte, los mecanismos de defensa y aceptación de la mente….

Lo reconocía ella misma durante el debate posterior a la proyección: “Yo no tengo respuestas, solo preguntas”. “Mi reacción para seguir adelante ha sido concentarme en esta película, seguir trabajando”.

E insistía continuamente: “Intentar sobrellevar la tristeza estando alegre. Buscar alegría en la tristeza. Sé que es duro, dificilísimo y no sé muy bien como se hace, pero ese es el camino.”

Y predica con el ejemplo. Simpática, muy habladora, inteligente y divertida. Sobre todo cercana, atendiendo los comentarios de los asistentes, que se han embullido en el debate haciendo preguntas pero dando su visión y aportando experiencias.

Así lo ha hecho Julian Schnabel, de sobras conocido -aunque no lo haya parecido en la sala- pintor, escultor y director de cine entre otras cosas. Un gran amigo de Lou y Laurie, además de vecino y secundario en el film.La segunda pregunta del debate a cargo del pintor, ha sido un extenso punto de vista propio sobre la película y las intenciones de Laurie. Interesante siempre escucharle.

Por lo que a mi respecta, y en un plano más subjetivo, he de decir que he disfrutado mucho. Y alguna lagrimilla ha caido al final.Por Lou, por Lulubelle y por otros muchos que tenemos en la cabeza porque ya no están entre nosotros.

Además de descubrir el nuevo espacio de tabacalera en San Sebastián, que he disfrutado aunque con reservas, echarme el cigarrillo en el limite del tiempo como buen rockero, me ha dado la oportunidad de coincidir con Julian, Mikel Olaciregui -muy apreciable exdirector del festival,siempre cercano y sonriente- y Laurie Anderson, que se saludaban antes de entrar en la sala.

No he podido resistirme. Con la educación y el respeto que me ha dado Lou, me he acercado a ella y, le he preguntado si le podía dar un beso. “Por supuesto” me ha contestado con esa voz profunda suya. Encantadora.

Cinco minutos necesitaba. Cinco minutos para contarle que, como ella aconsejaba, yo ya hice mi versión de Heart of a Dog en 2013. Cuarenta y tantos días cuenta Laurie que pasa el alma hasta que es consciente de su muerte. Cuarenta y tantos días seguidos estuve escribiendo trás la muerte de Lou. Al dia siguiente de terminar, murió nuestro perrito Rocko. Dos semanas después trajimos un cachorrito a casa, y como ya conté en estas páginas, cuarenta y tantos días después, descubrimos que nuestro cachorro había nacido el mismo día que había muerto Lou Reed.

Mis conexiones Lou. Evidentemente, no he pretendido robarle esos cinco minutos. No hace falta que lo sepa, porque ya lo sabe. Sabe de la admiración que despierta Lou Reed y es respetado durante toda la película. Practicamente ni aparece, solo como un fantasma más, y no recuerdo ni que se le nombre hasta el final, en bonita dedicatoria.

Así pues, cómo no voy a disfrutar con una marcianada propia de Lou y Laurie, que destila amor por los animales, amor por Lou, amor por las personas y amor por la vida.

Como bien decía Schnabel, de eso trata Heart of a Dog. De amor. Y con Lou despide Laurie su expiación cinematográfica. “Si tuviera que hacerlo, llamaría tiempo al amor”

Dándole la vuelta al tiempo

Ella dijo:

-¿Cómo llamas al amor?

– Bueno, yo le llamo Harry

– Oh por favor, hablo en serio, a que le llamas amor

– Bueno, pues no lo llamo familia y no lo llamo lujuria

Y como es sabido, el matrimonio no es una obligación

Y supongo que al final es una cuestión de confianza

Si tuviera que darle nombre….llamaría al amor, tiempo

-¿Cómo llamas al amor? ¿No puedes ser más específico?

¿Cómo llamas al amor? ¿Es algo más que el jeroglífico del corazón?

-El tiempo no tiene significado, ni futuro ni pasado

Y cuando estás enamorado, no tienes que preguntar

Nunca hay tiempo suficiente para atrapar al amor

Dándole la vuelta al tiempo, darle la vuelta al tiempo

Eso es el amor, darle la vuelta al tiempo

Sí, eso es el amor

-Mi tiempo es tu tiempo, cuando estás enamorado

-Y el tiempo es eso que nunca te parece suficiente

-No puedes verlo ni atraparlo, es exactamente como el amor

Dándole la vuelta al tiempo, dándole la vuelta al tiempo

Dándole la vuelta al tiempo

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